¿Les podemos ayudar en algo?

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Ésta, es una de las “grandes” preguntas que se suelen hacer en los centros comerciales. El personal experto en atención al cliente sabe muy bien que es una pregunta condenada a un cincuenta por ciento de rechazo (un SÍ o un NO). Este sábado fui con una buena amiga a las rebajas en busca de dos electrodomésticos, en concreto se trataba de una lavadora y un frigorífico. Nada más iniciar nuestra investigación independiente se acercó una señora exhibiendo este amable y popular ofrecimiento. Sin tan siquiera haber intercambiado nuestras miradas, respondimos con rotundidad que necesitábamos tiempo para “cotillear a nuestras anchas”. La respuesta no dejó indiferente a nuestra interlocutora. Se quedó en actitud dispuesta y paciente a la espera de que finalmente acudiésemos a su encuentro. Precisamente esto fue lo que ocurrió transcurridos unos minutos de elucubraciones tecnológicas sobre las máquinas que consiguieron parte de la liberación femenina en el duro trabajo de “ama de casa” -¿qué diferencia hay entre estos dos modelos? ¿Tú sabes qué marca es mejor?… preguntemos- Nos acogió con una estupenda sonrisa.

Lo más llamativo de esta situación fue que cuando buscamos con la mirada a esta profesional, por cierto de estatura más bien baja (es un dato físico) y unos ojos inmensamente verdes, había dos compañeros varones a su lado que le doblaban en tamaño y con quienes mantuvo un breve contacto ocular. Esta sutileza dio pie a que el más estirado se nos acercase con paso prepotente y la intención de cerrar la operación (también era el más alto, todo hay que decirlo). De repente nos quedamos perplejas y con la complicidad de dos mujeres que piensan en femenino, contestamos al unísono: “es que preferimos que nos atienda la señorita…” En ese momento, la vendedora, además de una comisión por su venta aprendió algo mucho más importante: a las clientas no nos importa lo que el profesional tenga entre las piernas. Es una cuestión de cerebro. Las mejores cocinas están diseñadas por mujeres, las arquitectas hacen casas más funcionales, las vendedoras de electrodomésticos saben mucho más que los hombres en cuestiones de lavado, e incluso de mantenimiento de las máquinas. Esta es la gran paradoja: nosotras somos las usuarias pero el mundo masculino sigue empeñándose en la exclusividad de la venta y el diseño. Necesitamos más mujeres que piensen en las mujeres, no hace falta sacar a la infantería. En el día a día cada vez que tengamos la oportunidad, queridas mujeres, con acciones simples estamos rindiendo tributo a lo femenino.

 

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